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Entrevista ficticia y contextualizada con al-Zahrawi en Qurtuba del siglo X

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Entrevista ficticia y contextualizada con al-Zahrawi en Qurtuba del siglo X

Entrevista ficticia y contextualizada con al-Zahrawi en Qurtuba del siglo X

Mar 24, 2026 | Posted by AbdoCIHAR |
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Un viaje imaginario a Qurtuba califal del siglo X de Abdo Tounsi

El sueño de muchas personas es tener una máquina del tiempo para viajar a través de los siglos tanto pasados como futuros. Yo Abdo Tounsi, me he imaginado que dispongo de dicha máquina inexistente “de momento”. La imaginación y un poco de ayuda de la inteligencia artificial para crear unas imágenes en las cuales estoy de visita el primer día del Eid al-Fitr 2026 a Córdoba Califal siglo X. Tuve la gran suerte de encontrarme con el científico y medico cirujano Abū ’l Qāsim Khalaf ibn ‘Abbās al-Zahrāwī (en árabe: أبو القاسم بن خلف بن العباس الزهراوي), más conocido como Abulcasis o Albucasis. al-Zahrawi. Le pedí hacerle una entrevista que aceptó encantado después de haberle explicado mi procedencia del futuro. Siendo este año 2026, año de al-Ándalus declarado por CIHAR que me honra presidir, esta entrevista se encuadra perfectamente en la divulgación del legado andalusí.

Introducción:

En la primavera de 2026, con motivo de la celebración simbólica del “Año de al-Ándalus”, una iniciativa cultural del CIHAR propone un ejercicio de imaginación histórica: viajar al pasado para reencontrarse con algunas de las grandes figuras intelectuales de la civilización andalusí. Tras una anterior experiencia narrativa en la que el presidente del centro, Abdo Tounsi, entrevistaba al filósofo Averroes en la Málaga del siglo XII, esta vez el destino del viaje imaginario es la Córdoba del siglo X.
El objetivo no es otro que celebrar el Eid al-Fitr, la festividad que marca el final del mes de Ramadán, en el lugar y en la época en la que la cultura de al-Ándalus alcanzó uno de sus momentos de mayor esplendor intelectual. El viaje simbólico nos transporta a la capital del califato, la extraordinaria Córdoba, durante el reinado del califa Al-Hakam II, uno de los grandes protectores del conocimiento en la historia medieval.

Esta entrevista dramatizada forma parte del proyecto “2026, Año de al-Ándalus” del Círculo Intercultural Hispano Árabe (CIHAR), una iniciativa dedicada a preservar y difundir el legado cultural, científico y humano de al-Ándalus, promoviendo el diálogo intercultural como puente entre pasado, presente y futuro.

Reportaje histórico narrativo
En la Córdoba del siglo X, el conocimiento circulaba con la misma intensidad que el comercio en sus zocos. La ciudad era una de las mayores metrópolis del mundo occidental, un lugar donde los libros viajaban desde Bagdad, los tejidos desde Damasco y las ideas desde Grecia y Persia. Bajo el gobierno del califa Al-Hakam II, la capital de al-Ándalus se convirtió en uno de los centros intelectuales más brillantes de la Edad Media.
Imaginemos por un momento que pudiéramos cruzar los siglos y caminar por aquellas calles. Que pudiéramos escuchar el ruido de los telares, oler las especias del zoco y observar a los sabios que debatían sobre astronomía, filosofía o medicina.
Ese es precisamente el punto de partida de este ejercicio de historia imaginada: un viaje narrativo al corazón de la Córdoba califal para celebrar el Eid al-Fitr, la festividad que marca el final del mes de Ramadán, y para conversar con uno de los médicos más influyentes de la historia: Al-Zahrawi.

Una ciudad donde el conocimiento era poder.
En el siglo X, Córdoba no era simplemente una capital política. Era una ciudad donde el saber formaba parte del prestigio del poder.
Las crónicas hablan de bibliotecas con decenas de miles de manuscritos. El propio califa Al-Hakam II era conocido por su pasión por los libros. Agentes enviados por la corte compraban obras en ciudades lejanas como El Cairo o Bagdad para enriquecer las bibliotecas de al-Ándalus.
La ciudad contaba con escuelas, baños públicos, hospitales y talleres artesanales. Las calles estaban iluminadas por lámparas durante la noche, algo excepcional en la Europa medieval.

En este ambiente intelectual florecieron médicos, filósofos, matemáticos y astrónomos.
Uno de ellos sería recordado durante siglos.

Diálogo con el medico cirujano al-Zahrawi.

Las escenas:

El Enigma de la Seda y el Acero

Protagonistas:
Abdo Tounsi: Presidente de CIHAR, viajero del tiempo (Vestimenta andalusí elegante).
Al-Zahrawi (Abulcasis): El sabio médico de Córdoba (Túnica de sabio, barba blanca).
Ahmed: Maestro sedero y dueño de la tienda.


Escena 1: La Llegada Nocturna

(Lugar: Una callejuela cerca de la Mezquita Aljama. Noche. El aire huele a azahar y perfumes).
Se escucha un zumbido eléctrico que cesa de golpe. Una luz azulada se desvanece y revela a Abdo Tounsi junto a una máquina del tiempo en forma de gran astrolabio mecánico. A su alrededor, la Córdoba del siglo X duerme bajo la luna. Los edificios son sólidos, de piedra clara, con sus característicos tejados a dos aguas de teja roja.
ABDO: (Susurrando, ajustando su túnica) Córdoba… lo hemos logrado. El año 980 d.C. Nunca imaginé que el rigor de nuestras crónicas se vería tan sólido ante mis ojos. Ni una sola cúpula en el horizonte, solo la geometría perfecta de los tejados andalusíes.


Escena 2: El Encuentro bajo el Sol

(Lugar: La misma calle, mañana siguiente. El bullicio de la ciudad es vibrante).
Abdo ya había colgado la pancarta de CIHAR: «2026, Año de al-Ándalus», con permiso de los comerciantes. Un hombre de porte noble y mirada profunda se detiene ante él. Es Al-Zahrawi, Abdo lo identifica porque el público le nombra aplaudiéndole.
AL-ZAHRAWI: Extraño es tu forma de hablar y curioso el estandarte que has colgado, viajero. Hablas de un futuro que honra nuestro presente.
ABDO: (Inclinándose con respeto) Maestro Al-Zahrawi, vengo de un tiempo donde vuestro nombre es sinónimo de vida. Represento a quienes custodian vuestro legado mil años después, y me gustaría hacerle unas preguntas.
AL-ZAHRAWI: (Sonriendo) Si buscas el saber, has venido al lugar adecuado. Pero antes, busquemos refugio del sol en la tienda de mi buen amigo Ahmed.


Escena 3: El Tesoro de la Seda

(Lugar: Interior de la tienda de Ahmed. Rollos de seda de colores brillantes cubren las paredes).
Ahmed despliega una tela carmesí que sostiene entre manos.
AHMED: Mirad esta trama, Abdo. Viene de los telares de Almería. En todo el mundo no hay seda más resistente y fina.
ABDO: Es asombrosa. En mi tiempo, sabemos que esta industria fue el motor de vuestro comercio.
AL-ZAHRAWI: (Tocando la seda) No solo de comercio, amigo mío. La seda es fuerza. Lo que Ahmed ve como belleza, yo lo veo como el material que permitirá al cuerpo humano cerrar sus propias brechas.


Escena 4: La Entrevista y el Instrumental

(Lugar: Fondo de la tienda. Una mesa de cedro labrada. Luz cálida filtrada por celosías cuadradas).
Al-Zahrawi coloca sobre la mesa una serie de herramientas de acero y bronce: escalpelos, fórceps y pequeñas sierras de precisión. Abdo toma notas en su libreta digital.
ABDO: Maestro, en el 2026 estudiamos vuestro Al-Tasrif. ¿Es cierto que habéis diseñado más de doscientos instrumentos?
AL-ZAHRAWI: (señala un bisturí) La mano del médico es limitada; el ingenio debe extenderla. Pero observa esto… (Toma un hilo de seda y una cuerda de catgut). La seda para la piel, la tripa de animal para lo profundo. El cuerpo absorbe lo que es orgánico. Este es el secreto para que lo que ha sido roto, vuelva a ser uno.


Escena 5: Despedida y Regreso

(Lugar: Saliendo de la tienda. Atardecer).
Abdo guarda las muestras de seda que recibe de regalo y sus notas. El astrolabio comienza a emitir un pulso de luz constante.
AL-ZAHRAWI: Llevad este conocimiento a vuestro «Año de al-Ándalus». Decidles que la ciencia no tiene dueño, solo servidores.
ABDO: Vuestro nombre brillará en nuestras conferencias, Maestro. Gracias por enseñarnos que el futuro se cosió aquí, con seda y acero.
Abdo activa el mecanismo. Al-Zahrawi y Ahmed observan con asombro cómo la figura de Abdo se convierte en un destello de luz que asciende hacia los tejados rojos, desapareciendo en el flujo del tiempo hacia el 2026.

La entrevista:

Legado transcultural de al-Zahrawi.
Su obra, el Kitab al-Tasrif, no solo fue un manual para al-Ándalus, sino que, tras ser traducida al latín por Gerardo de Cremona en el siglo XII como Liber Pantegni, se convirtió en el pilar de la cirugía en las universidades de Montpellier, Padua y Salerno durante quinientos años.

La vocación de un médico

-Abdo Tounsi: Maestro, en nuestra época usted es considerado uno de los padres de la cirugía moderna. ¿Qué le llevó a dedicarse a la medicina?
-Al-Zahrawi: Desde joven comprendí que aliviar el sufrimiento humano era una de las tareas más nobles que puede realizar una persona. En Córdoba tenemos acceso a numerosos textos médicos procedentes de la tradición griega y del mundo islámico, gracias a la magnífica biblioteca de nuestro califa. Estudiarlos despertó mi interés por comprender la armonía del cuerpo humano y el origen de las enfermedades, pero fue la voluntad de servir a mis semejantes lo que guio mi mano hacia el escalpelo.
-Abdo Tounsi: ¿Dónde se formaban los médicos en su época?
-Al-Zahrawi: El aprendizaje comienza con el estudio de los grandes maestros. Los textos de Hippocrates y Galen son fundamentales y los analizamos con rigor en nuestras madrazas. Pero la medicina no puede aprenderse solo en los libros. Es necesario observar a médicos experimentados y tratar pacientes durante muchos años. Yo siempre digo a mis discípulos que nadie debe aventurarse a operar sin conocer primero la anatomía de los órganos, sus funciones y la disposición de los nervios y las arterias, tal como lo han demostrado las disecciones de los antiguos.
-Abdo Tounsi: ¿Cuál es, según su juicio, la mayor virtud que debe poseer quien desee seguir sus pasos?
-Al-Zahrawi: La cautela unida al conocimiento profundo. Un médico debe amar a sus pacientes como a sus propios hijos y ser humilde ante la complejidad de la creación. No se debe intervenir por lucro o vanidad, sino por necesidad clara. Como he dejado escrito, el buen cirujano es aquel que posee una mano firme pero un corazón compasivo, y que sabe que su éxito depende tanto de su habilidad técnica como de la higiene y el cuidado posterior del enfermo.

El ambiente científico de Córdoba
Durante el siglo X, Córdoba se ha convertido en uno de los grandes centros intelectuales del mundo.
Las bibliotecas de la ciudad reúnen miles de manuscritos. Copistas y traductores trabajan constantemente para reproducir y difundir el conocimiento. El propio califa Al-Hakam II es conocido por su pasión por los libros y por el apoyo que brinda a los sabios.
En este entorno se desarrolla el trabajo de Al-Zahrawi, que durante décadas ejerce como médico de la corte.

La cirugía como ciencia

-Abdo Tounsi: En su tiempo la cirugía no siempre fue considerada una disciplina prestigiosa. ¿Cómo cambió esa situación?
-Al-Zahrawi: Es cierto que durante mucho tiempo algunos médicos la consideraron una práctica secundaria, una labor manual alejada del intelecto. Pero yo siempre he defendido que la cirugía no es un oficio de barberos, sino una ciencia que requiere un conocimiento profundo y una responsabilidad sagrada. El cirujano debe comprender el funcionamiento íntimo del cuerpo antes de osar intervenir en él. He luchado por elevar este arte, pues una mano que corta sin el respaldo de la razón es un peligro para el alma y la vida del paciente.
-Abdo Tounsi: ¿Cuál es la base sobre la que debe asentarse esta práctica para ser considerada verdadera ciencia?
-Al-Zahrawi: La observación y la experiencia son esenciales, pero estas son ciegas sin la anatomía. Como he dejado escrito para la posteridad, la razón por la que hoy escasean los cirujanos hábiles es la falta de estudio de la estructura de los órganos, de la trayectoria de los vasos y de la unión de los huesos. Solo aquel que haya practicado la disección y comprendido las diferencias entre los humores y los tejidos puede llamarse, con propiedad, médico cirujano. En al-Ándalus, buscamos que la mano sea solo la ejecutora de lo que el entendimiento ya ha verificado.

Uno de los aspectos más innovadores del trabajo de Al-Zahrawi fue la descripción detallada de numerosos instrumentos quirúrgicos, muchos de los cuales él mismo perfeccionó.

Los instrumentos quirúrgicos

-Abdo Tounsi: Maestro, en el futuro se dirá que usted diseñó y perfeccionó más de doscientos instrumentos médicos. ¿Cómo surgió esa necesidad de crear un arsenal tan vasto?
-Al-Zahrawi: Comprenda Usted que muchos procedimientos de los antiguos fallaban no por falta de saber, sino porque las herramientas que utilizaban eran toscas o inexistentes para la finura que requiere el cuerpo. Por ello, trabajé estrechamente con los más hábiles artesanos metalúrgicos de Córdoba para diseñar instrumentos específicos, probando diferentes aleaciones de acero y plata hasta hallar la flexibilidad y el filo adecuados. Un médico sin el instrumento preciso es como un escriba sin cálamo: su intención es buena, pero el resultado será borroso y errático.
-Abdo Tounsi: Entre los que ha descrito, ¿cuáles considera fundamentales para el progreso de la cirugía?
-Al-Zahrawi: He diseñado una variedad que asombraría a los antiguos: bisturíes de distintos tamaños para cada profundidad de tejido, pinzas de precisión para la extracción de flechas o cálculos, sondas médicas para explorar fístulas, ganchos quirúrgicos y, muy especialmente, instrumentos para la cauterización, que permiten detener hemorragias que de otro modo serían fatales. El objetivo primordial era que los médicos pudieran realizar sus intervenciones con mayor precisión y, sobre todo, con la menor violencia posible sobre el paciente.
-Abdo Tounsi: ¿Es cierto que incluso ha ideado herramientas para problemas tan específicos como los partos difíciles o la salud dental?
-Al-Zahrawi: Así es. La cirugía debe atender todas las necesidades humanas. He diseñado fórceps para ayudar en los partos complicados y herramientas para la limpieza y extracción de piezas dentales dañadas. Como he dejado ilustrado en mis escritos, no basta con describir la operación; es imperativo mostrar al cirujano la forma exacta del instrumento, su curvatura y su tamaño, para que cualquier artesano del mundo pueda replicarlo con exactitud y así salvar vidas más allá de las fronteras de al-Ándalus.

La cauterización

Abdo Tounsi: Maestro, en sus escritos menciona Usted con frecuencia la cauterización como un recurso esencial. ¿Por qué le otorga tanta importancia en su tratado?
Al-Zahrawi: Comprenda que el uso del calor es una herramienta de doble filo: puede detener hemorragias que de otro modo segarían la vida en un instante y tratar enfermedades donde el escalpelo no llega. Pero debe aplicarse con extremo cuidado y una mano experta. Un mal uso, o una temperatura inadecuada, puede causar graves daños al paciente y sufrimientos innecesarios. Por ello, he dedicado gran parte de mi obra a describir cuidadosamente cuándo y cómo debe utilizarse, diferenciando siempre entre el cauterio de hierro y el de oro, según la delicadeza del órgano afectado.
Abdo Tounsi: ¿Es cierto que prefiere Usted el uso del fuego directo frente a los agentes químicos que otros médicos suelen emplear?
Al-Zahrawi: Así es. Los agentes corrosivos o cáusticos son traicioneros; su acción no se detiene a voluntad del médico y pueden penetrar más allá de lo deseado. El fuego, en cambio, es honesto: su efecto cesa en cuanto se retira el instrumento. Como he plasmado en el Kitab al-Tasrif, he diseñado más de cincuenta formas distintas de cauterios —puntiagudos, anchos, curvos o planos— para que el calor se aplique con la precisión de un suspiro solo en el punto exacto de la dolencia, protegiendo siempre los tejidos sanos circundantes con paños humedecidos o protectores de madera.

Las suturas y la cicatrización

-Abdo Tounsi: Maestro, también se le atribuye a Usted el uso de materiales y técnicas innovadoras para cerrar heridas, algo que ha revolucionado la recuperación de los pacientes.
-Al-Zahrawi: Es cierto que la sutura es tan vital como la incisión misma. Para cerrar las carnes utilizamos distintos tipos de hilo según la naturaleza de la herida: seda fina, lana, lino o incluso hilos de plata. Sin embargo, uno de los hallazgos más útiles que he documentado se obtiene a partir de los intestinos de animales, debidamente preparados y torsionados. Este material tiene la ventaja única de que el cuerpo puede absorberlo y «alimentarse» de él con el tiempo, desapareciendo por sí solo una vez cumplida su función.
-Abdo Tounsi: Eso debe facilitar enormemente el proceso de curación, especialmente en las intervenciones internas.
-Al-Zahrawi: Sin duda. Esto permite que las heridas en órganos profundos o en el interior del vientre cicatricen sin necesidad de retirar los puntos, evitando una segunda intervención que sería dolorosa y peligrosa. Como he dejado escrito en el Kitab al-Tasrif, descubrí esta propiedad al observar cómo las cuerdas de un laúd, hechas de tripa, eran digeridas por el jugo gástrico de un animal. Además, para las heridas superficiales, he perfeccionado la sutura de «doble aguja», que permite un cierre tan preciso que la cicatriz apenas es perceptible al ojo, preservando así la integridad y la belleza del cuerpo.

La medicina andalusí no se limitaba a la cirugía. También incluía un amplio conocimiento de plantas medicinales y la química de los compuestos.

La farmacología y el control del dolor

-Abdo Tounsi: Maestro, el dolor es el mayor temor de quien se somete al acero. ¿Cómo se controla el sufrimiento del paciente durante una intervención en su tiempo?
-Al-Zahrawi: Es nuestra obligación sagrada minimizar el tormento del enfermo. Para ello, utilizamos preparados elaborados con diversas plantas de gran poder, como la adormidera, el beleño o la mandrágora. Algunas de estas sustancias se administran como bebidas medidas con exactitud, pero para las grandes operaciones preferimos el uso de los vapores aromáticos mediante lo que llamamos la esponja soporífera, empapada en una mezcla de jugos narcóticos y desecada, que luego humedecemos para que el paciente aspire su esencia. Estos preparados ayudan a sumir al paciente en un sueño profundo y facilitan el trabajo del médico, permitiendo una intervención serena.
-Abdo Tounsi: ¿Requiere este método una vigilancia especial por parte del médico?
-Al-Zahrawi: Por supuesto. La diferencia entre el remedio y el veneno reside únicamente en la dosis. Como he detallado en mi tratado sobre la farmacología, el médico debe observar el color del rostro y la respiración del durmiente. Tras la operación, despertamos al paciente aplicando esponjas con vinagre o aromas penetrantes en su nariz. No buscamos solo la falta de dolor, sino una recuperación clara de los sentidos. El control de las sustancias es una ciencia tan rigurosa como el manejo del bisturí.

Odontología y prótesis

-Abdo Tounsi: Maestro, en sus escritos también aparecen técnicas muy avanzadas relacionadas con la odontología, algo que a menudo se descuidaba en otros tratados.
-Al-Zahrawi: La salud dental es de suma importancia, pues una boca enferma corrompe el aliento y dificulta la nutrición, que es la base de la vida. He desarrollado métodos precisos para limpiar el sarro mediante rascadores de hierro de diversas formas que yo mismo diseñé, así como técnicas para tratar infecciones de las encías y enderezar dientes que crecen en mala posición. No debemos permitir que un paciente pierda su capacidad de masticar o su decoro por falta de cuidado médico.
-Abdo Tounsi: ¿Es cierto que incluso ha ideado formas de devolver la funcionalidad a una boca que ha perdido sus piezas originales?
-Al-Zahrawi: Así es. En algunos casos donde la pérdida es inevitable, es posible reemplazar piezas perdidas mediante prótesis sencillas pero eficaces. He dejado escrito cómo tallar dientes artificiales a partir de hueso de animal, especialmente de buey, o incluso de marfil, para luego fijarlos con firmeza a los dientes sanos colindantes mediante finos hilos de oro o plata. Estos alambres no se corroen con la humedad de la boca y permiten que la pieza artificial cumpla su función durante muchos años. El objetivo es siempre devolver al paciente la salud y la confianza en su propio rostro.

La conversación se dirige entonces hacia el funcionamiento de los hospitales, conocidos en nuestra lengua como bimaristanes.

Los hospitales de al-Ándalus

-Abdo Tounsi: Maestro, en nuestro tiempo se admira profundamente el sistema hospitalario del mundo islámico medieval por su organización y humanidad. ¿Cómo describiría Usted el funcionamiento de estas instituciones en la Córdoba actual?
-Al-Zahrawi: Los hospitales son instituciones de orden y compasión dedicadas íntegramente al cuidado de los enfermos. No son simples hospicios; en ellos trabajan médicos de distintas especialidades, farmacéuticos expertos y asistentes que velan día y noche por el tratamiento de los pacientes. La estructura de estos centros permite separar a los enfermos por la naturaleza de su dolencia, asegurando que quienes padecen fiebres no se mezclen con quienes requieren cirugía, manteniendo siempre la limpieza y el flujo de aire fresco, elementos que considero vitales para la recuperación.
-Abdo Tounsi: He oído que la elaboración de los remedios es casi un arte en sí mismo dentro de estos muros.
-Al-Zahrawi: Así es. Contamos con farmacias internas donde los medicamentos se preparan con un rigor matemático a partir de hierbas frescas, minerales y otros ingredientes traídos de todos los rincones del mundo conocido. Como he detallado en mi obra, la proporción exacta es lo que separa la cura del daño. Los asistentes preparan jarabes, electuarios y ungüentos bajo la supervisión directa del médico, asegurando que cada paciente reciba el tratamiento específico que su constitución requiere.
-Abdo Tounsi: ¿Quién tiene derecho a cruzar esas puertas y recibir tratamiento?
-Al-Zahrawi: Cualquier persona que lo necesite, sin distinción de linaje o riqueza. El califa, que Alá proteja, entiende que la salud de sus súbditos es la salud del Estado. El objetivo de estos lugares es aliviar el sufrimiento y cuidar de los enfermos de manera gratuita para los desfavorecidos, pues la medicina es, ante todo, un acto de caridad y servicio. He visto a hombres humildes recibir los mismos cuidados y las mismas sedas limpias en sus lechos que un alto funcionario, pues ante el dolor todos los hombres son iguales.

La conversación concluye con una profunda reflexión sobre la trascendencia y la responsabilidad del médico ante la vida.

La ética del médico

-Abdo Tounsi: Maestro, tras recorrer su saber y sus inventos, ¿qué cualidades considera Usted que definen, por encima de todo, a un buen médico?
-Al-Zahrawi: Tres pilares son esenciales para sostener nuestra profesión: el conocimiento profundo, la prudencia extrema y la compasión sincera. Un médico debe ser un estudiante perpetuo, pues la ciencia no se detiene y quien cree saberlo todo, pronto se vuelve peligroso para sus semejantes. Debe actuar siempre con cautela, midiendo cada paso antes de tocar la carne, y tratar al paciente con el respeto que merece una criatura de Dios, sin importar su condición o su fortuna.
-Abdo Tounsi: ¿Es esa relación entre el maestro y el alumno la que garantiza que la medicina no pierda su alma?
-Al-Zahrawi: Así es. Como he dejado escrito al inicio de mi obra, mis alumnos son mis hijos espirituales. Les insto siempre a que no se dejen llevar por el deseo de fama o de riquezas, sino por el deseo de curar. El cirujano, especialmente, debe ser valiente pero no temerario; debe conocer sus límites y saber cuándo el mejor tratamiento es, precisamente, no intervenir. La ética no es un adorno de nuestra profesión, es su cimiento. Si la mano no está guiada por una conciencia limpia, el instrumento más fino de esta tienda de sedas no será más que un trozo de hierro sin propósito.


La tarde comienza a caer sobre Qurtuba. En la tienda de Ahmed, las sedas de Almería y los brocados de Oriente reflejan los últimos rayos de sol que se filtran desde la calle, tiñendo el ambiente de un ocre dorado. El rítmico sonido de los telares cercanos empieza a cesar, dando paso al murmullo de los fieles que se dirigen a la Mezquita Aljama.
Antes de despedirse, Abdo Tounsi expresa su profundo agradecimiento con una reverencia:

Despedida en el zoco

-Abdo Tounsi: Maestro, sepa Usted que en nuestro siglo su nombre sigue siendo recordado con veneración. Sus láminas, sus instrumentos y sus métodos de cauterización e higiene han influido en la medicina de Oriente y Occidente durante muchos siglos, salvando incontables vidas más allá de las fronteras de este Califato.
-Al-Zahrawi: Me reconforta saber que el esfuerzo de toda una vida no se desvanece como el humo. Si mi trabajo ha servido de puente entre la sabiduría de los antiguos y el bienestar de los que vendrán, entonces mi propósito se ha cumplido. Espero que ese recuerdo inspire a los médicos del futuro a no acomodarse en lo ya escrito, sino a seguir aprendiendo, observando la naturaleza con humildad y buscando siempre nuevas formas de aliviar el sufrimiento humano. La ciencia es un camino sin fin, y nosotros somos apenas viajeros que dejan una huella en la arena para que otros no se pierdan.


Del Zoco a la Eternidad

Mientras la silueta de al-Zahrawi se desdibuja entre el gentío del zoco de seda y perfumes, queda en el aire la promesa de su saber. Aquellas palabras, compartidas entre rollos de seda y el aroma del té, no se las llevó el viento de la sierra cordobesa. El maestro regresaría a su escritorio para terminar de dar forma a los treinta volúmenes de su Kitab al-Tasrif, sin saber que aquel papel de cáñamo y aquella tinta de hollín estaban destinados a cruzar mares, sobrevivir a incendios y derribar las fronteras del tiempo.
El saqueo de Madinat al-Zahra (Siglo XI)
Tras la muerte de al-Zahrawi (hacia el 1013), al-Ándalus entró en el convulso periodo de las taifas. Durante la guerra civil (fitna) que destruyó la ciudad palatina de Madinat al-Zahra, gran parte de la biblioteca califal y de los archivos personales de los sabios se dispersaron. Sin embargo, el Kitab al-Tasrif era ya tan valorado por otros médicos que se habían realizado múltiples copias manuscritas, lo que permitió que la obra sobreviviera al incendio de la ciudad.
El puente de Toledo: De Abulcasis a Albucasis (Siglo XII)
El momento clave para su fama mundial ocurrió en Toledo. Allí, el célebre traductor Gerardo de Cremona descubrió el Tratado 30 (el de cirugía). Lo tradujo al latín con el título de Liber Pantegni o simplemente como la «Cirugía de Albucasis».
Rigor académico: Esta traducción fue la que introdujo en Europa las ilustraciones de los instrumentos quirúrgicos, algo que los copistas medievales europeos reprodujeron con asombro en los scriptorium de los monasterios.
Texto de estudio en las Universidades (Siglos XIV – XVIII)
El manuscrito no quedó en un estante olvidado. Se convirtió en el libro de texto oficial de las facultades de medicina más prestigiosas:
En Montpellier (Francia) y Salerno (Italia), era de lectura obligatoria.
Médicos ilustres como Guy de Chauliac basaron toda su práctica en las enseñanzas de este manuscrito cordobés. Se dice que Chauliac citaba a al-Zahrawi más que a Galeno.
La llegada de la imprenta (Siglo XV)
Con la invención de la imprenta, el manuscrito vivió una segunda vida. Se imprimió en Venecia (1497), Basilea (1541) y Oxford (1778). Cada edición intentaba reproducir con mayor fidelidad los dibujos originales de los instrumentos que al-Zahrawi había diseñado en su retiro de Córdoba.
¿Dónde están los originales hoy?
Aunque no conservamos el «manuscrito autógrafo» (el escrito de puño y letra por al-Zahrawi), existen copias muy tempranas y valiosas dispersas por el mundo que los académicos estudian para reconstruir su saber original:
Biblioteca Bodleiana de Oxford: Conserva uno de los manuscritos más completos y mejor ilustrados.
Biblioteca Nacional de Francia (París): Posee copias árabes de gran antigüedad.
Estambul (Biblioteca Suleymaniye): Alberga manuscritos que mantienen la pureza del texto árabe original antes de las traducciones latinas.
Reflexión Final
El manuscrito de al-Zahrawi actuó como un «cápsula del tiempo». Gracias a que fue copiado y traducido incansablemente, el conocimiento de la Córdoba del siglo X no se perdió con la caída del Califato, sino que puso los cimientos de la cirugía moderna en toda Europa y el mundo islámico.


El zoco de seda y perfumes – Qurtuba siglo X

Fuera de la tienda, el zoco continúa lleno de vida. La pancarta del “2026, Año de al-Ándalus – Feliz Eid al-Fitr” ondea suavemente en lo alto.
Durante un instante imaginario, el pasado y el presente se han encontrado en una conversación que atraviesa mil años de historia. Este viaje maraca la conexión del pasado andalusí con el presente a través del legado de al-Ándalus.

Al final de mi viaje volví al sitio dónde dejé la maquina del tiempo y marqué 20 de marzo 2026 y regresé

Un saludo y hasta la próxima; Abdo Tounsi


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